martes, 20 de noviembre de 2007

Prison Break o cómo hacer series de calidad

Acabo de treminar de ver la primera temporada de Prison Break, que he devorado en menos de una semana. Sí, ya se que en USA van por la tercera temporada y que en España hace tiempo que se emitió la segunda, pero no por eso voy a dejar de hablar de ella. Todo comenzó hace poco menos de dos dos semanas cuando un amigo llamado Nacho me recomendó con vehemencia esta serie. Yo ya la conocía gracias a la efectiva campaña de marketing que Fox llevó a cabo en la madrileña plaza de Alonso Martínez (y que algún día contaré a mis lectores en qué consistía). El caso es que el tal Nacho es un buen amigo y, lo que es más importante, tiene un gusto cinematográfico parecido al mío, así que me deje embarcar rumbo a Fox River, la cárcel donde Michael Scofield pasará tres años tras un fallido atraco a un banco.

Todos se preguntan cómo un chico tan educado y formal ha podido cometer ese delito. Y es que Michael provocó su ingreso en la penitenciaria para ayudar a su hermano Lincoln, acusado de matar al hermano de la vicepresidenta de EE.UU, a huir. Para llevar a cabo su plan, Michael se ha tatuado los planos de la cárcel por todo el cuerpo.

Poco a poco, los palnes de fuga se complican y los interesados en el plan de Michael van aumentando. Mientras, Veronica, ex novia de Lincoln, intentará reunir pruebas de la supuesta trampa tendida sobre éste para evitar su ejecución en la silla electrica.

Y no voy a contar más, pues cada plano, cada línea de diálogo, cada expresión de cada personaje es vital en esta serie de ritmo frenético y acción sin límites. Ya se que todo esto suena a tópico, pero en este caso no lo es, pueden creerme. Espero que la disfruten.

1 comentario:

Anónimo dijo...

asi que nos dedicamos a ver series de televisión.... se ve que es mas emocionante que el derecho...