Ya nos estamos acostumbrando a tener una cita anual con los musicales en el cine. Ahora le toca el turno a Hairspray, enésimo éxito de Broadway (¿hay alguno que no lo haya sido?) que llega a las pantallas de todo el mundo.
En el 2001 Moulin Rouge nos avisó de que el musical aun no estaba muerto como género cinematográfico. Un año despues, Chicago se hizo con el Oscar a la mejor película confirmando el resurgir del musical. Tras la decepción de Dreamgirls el año pasado (tan sólo será recordado por descubrirnos a ese portento -en todos los sentidos- llamado Jenniffer Hudson), Hairspray trae aire fresco y renovado con la historia de Tracy Turnblad, una chica grande, con un corazón aún mayor, que tiene solamente una pasión: bailar. Su sueño es aparecer en “El Show de Corny Collins” el programa de baile televisado más codiciado de Baltimore. Tracy (Nikki Blonsky) parece perfecta para el programa, a no ser por un problema no tan pequeño: no cabe. Su figura generosa siempre la ha apartado de los grupos a la moda, cosa que le recuerda continuamente su amante pero excesivamente sobre protectora madre y de generosa figura, Edna. Esto no detiene a Tracy porque si existe alguna una cosa que esta gran chica sabe, es que ella nació para bailar.
Después de cautivar a Corny Collins (James Marsden) con su interpretación en la escuela secundaria, Tracy se gana un puesto en el show y se convierte inmediatamente en una sensación de televisión, para gran dolor de la princesa reinante del show, Amber Von Tussle (Brittany Snow) y de su vitriólica madre, Velma , que lleva la estación WYZT de televisión. Incluso peor para Amber es el hecho de que no sólo es la audiencia la que adora a la nueva sensación: el amor de Amber, Link Larkin (Zac Efron), también parece estar sucumbiendo al encanto de Tracy. El show de baile se convierte en algo personal al transformarse en una pelea amarga entre las chicas mientras compiten por la codiciada corona de “Srta. Hairspray”.
Dos son las gratas sorpresas que nos trae el film. Por un lado, su mensaje positivo y optimista contrasta con el cinismo que desprendía Chicago y la hipocresía de la que adolecía Dreamgirls, lo que es de agradecer. Por otro, el esperado regreso de John Travolta (en el divertido papel de Edna, la protectora madre de la protagonista) y sobre todo el de Michelle Pfeiffer como la maquiavélica madre de Amber. Además, su falta de pretensiones la convierten en un producto entretenido y agradable de ver y, sobre todo, de oir. Y no, no ganará ningún Oscar pero, ¿necesitó Grease de esos premios para convertirse en el clásico que es?
No hay comentarios:
Publicar un comentario