Ante la influencia masiva de mensajes que me piden que escriba un nuevo post recomendando películas para toda la familia, me atrevo a escribir estas líneas para hablar de dos películas muy distintas pero igualmente interesantes. Ambas tienen como protagonistas a personajes históricos, si bien con una concepción de la vida muy distinta. Me estoy refiriendo a Sta. Teresa de Jesús y a Isabel II de Inglaterra, retratas en Teresa, Teresa y La Reina, respectivamente.
La primera simula una entrevista en un programa de televisión a la santa de Ávila. La periodista, acostumbrada a llevar las riendas de sus conversaciones y dispuesta a humillar a la santa, termina sucumbiendo ante el atractivo y encanto de una mujer humilde y recia en sus convicciones. Isabel Ordaz, que da vida a la mística, realiza una interpretación memorable, respondiendo con amor y sencillez a las insidiosas preguntas de una histriónica Asumpta Serna, engargada de dar vida a la superficial entrevistadora. Ambos papeles, brillantemente interpretados, representan la falsa seguridad del hombre moderno que se vanagloria de no creer más que en lo que ve y la sabiduría y confianza del hombre que se abandona en Dios.
A pesar de que toda la película se desarrolla en un plató de televisión y de que la santa habla con un lenguaje pausado y propio de su época, el film fluye con agilidad gracias al contapunto cómico que produce el patetismo de la periodista. Sencillamente genial.
La segunda película cuenta los días posteriores a la muerte de Lady Di, la Princesa del pueblo, y la nula reacción de la Familia Real, ante tan trágica pérdida. La misma Isabel II vió la película y dijo sentirse satisfecha, por lo que la supuesta ficción no debe andar lejos de lo que pasó realmente dentro de los muros de Buckingham Palace...
Resultaría tópico a estas alturas comenzar mi comentario hablando de la majestuosa interpretación de Helen Mirren. Además, creo que no es éste su único acierto. Y es que detrás de las cámaras está el siempre eficiente Stephen Frears, quien tiene el acierto de no juzgar a los personajes, excepto -no podía ser de otra forma en el país anglicano- al de la católica Cherie Blair, quien aparece retratada como una persona inculta y cabezona que tan sólo produce risa por su patetismo. Aun así, estamos ante una muy buena película cuya única trama es el cambio que poco se va produciendo en los personajes pues, en sí, el film no tiene acción.
Como resumen de La Reina, baste recoradar la imagen de la soberana observando un ciervoque trota por el campo mientras ella no puede contener las lágrimas ante tan memorable metáfora de su libertad perdida. ¡Dios salve a La Reina!
La primera simula una entrevista en un programa de televisión a la santa de Ávila. La periodista, acostumbrada a llevar las riendas de sus conversaciones y dispuesta a humillar a la santa, termina sucumbiendo ante el atractivo y encanto de una mujer humilde y recia en sus convicciones. Isabel Ordaz, que da vida a la mística, realiza una interpretación memorable, respondiendo con amor y sencillez a las insidiosas preguntas de una histriónica Asumpta Serna, engargada de dar vida a la superficial entrevistadora. Ambos papeles, brillantemente interpretados, representan la falsa seguridad del hombre moderno que se vanagloria de no creer más que en lo que ve y la sabiduría y confianza del hombre que se abandona en Dios.
A pesar de que toda la película se desarrolla en un plató de televisión y de que la santa habla con un lenguaje pausado y propio de su época, el film fluye con agilidad gracias al contapunto cómico que produce el patetismo de la periodista. Sencillamente genial.
La segunda película cuenta los días posteriores a la muerte de Lady Di, la Princesa del pueblo, y la nula reacción de la Familia Real, ante tan trágica pérdida. La misma Isabel II vió la película y dijo sentirse satisfecha, por lo que la supuesta ficción no debe andar lejos de lo que pasó realmente dentro de los muros de Buckingham Palace...
Resultaría tópico a estas alturas comenzar mi comentario hablando de la majestuosa interpretación de Helen Mirren. Además, creo que no es éste su único acierto. Y es que detrás de las cámaras está el siempre eficiente Stephen Frears, quien tiene el acierto de no juzgar a los personajes, excepto -no podía ser de otra forma en el país anglicano- al de la católica Cherie Blair, quien aparece retratada como una persona inculta y cabezona que tan sólo produce risa por su patetismo. Aun así, estamos ante una muy buena película cuya única trama es el cambio que poco se va produciendo en los personajes pues, en sí, el film no tiene acción.
Como resumen de La Reina, baste recoradar la imagen de la soberana observando un ciervoque trota por el campo mientras ella no puede contener las lágrimas ante tan memorable metáfora de su libertad perdida. ¡Dios salve a La Reina!
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